Villaverde. Un poco de historia

#1
El 31 de julio de 1954 Villaverde se anexionó a Madrid, aportando 29,2 kilómetros cuadrados y 20.766 habitantes. Entonces, la Organización Sindical del Hogar trabajaba a pleno rendimiento para recuperar un municipio destruido durante la Guerra Civil. Hacía apenas tres años habían concluido las obras de la colonia Marconi. La OSH ultimaba la colonia de San Carlos y comenzaba a barruntar el Grupo Experimental de Villaverde. Viviendas que acogían a parte de los miles de andaluces y castellanomanchegos que se echaron a la carretera para tratar de encontrar en el Madrid de entonces una salida para la miseria. Había chabolas y gente viviendo en cuevas. Una imagen que contrastaba mucho con esa imagen de campanillas de 1948 del por entonces príncipe Juan Carlos siendo recibido en la estación de tren de Villaverde para evitar que su llegada a Madrid eclipsase a los franquistas.

Venían al calor de una industria que, más allá de los antiguos alfares, encontró en Villaverde un ámbito ideal para asentarse. Suelo agrícola barato junto al ferrocarril y a un tiro de piedra de la capital, en una España arrasada que redujo sus exigencias urbanísticas para favorecer la inversión empresarial. Pronto llegaron Marconi, Standard Eléctrica, la factoría Barreiros, la Fundición Aristrain, Hierros Madrid, Boetticher o Thyssen Krupp, entre otras. "Villaverde fue durante muchos años el distrito más industrial de Madrid, cuyo icono más característico era la torre de Cerámicas Norah en San Cristóbal, que luego fue la imagen de un ciclo de cine iberoamericano", explica el concejal presidente del distrito, Joaquín María Martínez. Severino Arranz llegó a Villaverde en 1957. Fue el fundador del colegio Atalaya y pudo comprobar la evolución del distrito de zona residencial rural a distrito de Madrid. "El desarrollismo cambió el modelo económico y creó dos clases de población, una agrícola que se comportaba como una élite, y otra obrera que trataba de sobrevivir", comenta.

Pronto llegarían los poblados de absorción de Villaverde, la UVA, y los poblados dirigidos de las colonias de Ciudad de los Ángeles (alrededor del cuartel militar de ingenieros), San Cristóbal de los Ángeles y San Nicolás. Villaverde Bajo, antaño un espacio reservado para fincas solariegas, comenzó a poblarse. La progresión demográfica era exponencial. De los apenas mil vecinos con que contaba el pueblo en los años 40, el distrito alcanzó los 100.000 en los setenta (actualmente, cuenta con 146.000). Por este motivo, en 1970, la nueva división de distritos municipales convirtió a Villaverde en un espacio propio.

Tal crecimiento desembocó en enormes problemas sociales derivados de la falta de equipamientos, la infravivienda, las calles sin asfaltar, los desequilibrios sociales, las carencias de infraestructuras educativas y sanitarias, y las deficiencias constructivas. Aparecieron los movimientos vecinales y obreros para luchar por los derechos de una población que exigía mejoras sociales. Comenzaron las huelgas y la emigración de muchos vecinos del distrito a Alemania y Suiza para trabajar y enviar fondos a sus familias.

Y es que Villaverde no remontó al inicio de la democracia. En el imaginario colectivo quedó como la puerta de atrás de la capital. En los ochenta se tiró la UVA, que fue sustituida por torres de pisos y se derribaron las chabolas que ocupaban el espacio que hoy alberga el parque de la Amistad. Fue la época de los realojos, en las que los chabolistas subían a los burros a los pisos y hacían fogatas en los salones para poder vender las cocinas al chatarrero. El desmantelamiento de los poblados chabolistas no llegaría hasta el siglo XXI, con la desaparición de espacios como El Salobral, Plata y Castañar, o el Ventorro de la Puñalá, entre otros.

"Siempre que me dan ocasión explico que, aunque tiene carencias, Villaverde ha experimentado una de las mayores evoluciones de la ciudad y se ha convertido en uno de los distritos mejor dotados de la ciudad, especialmente en infraestructuras de transporte", comenta Martínez. La llegada del metro rubricó la comunicación del distrito con el mundo, conectado con el centro en 15 minutos a través del ferrocarril metropolitano y con el sur de la región a través del tren.

Mientras tanto, se construirían Los Rosales y El Espinillo. También sería el período del auge de la inmigración, que hoy día representa en algunos barrios hasta el 40 por ciento de la población. Esta situación se perfilaría al mismo tiempo que el distrito sufría su segunda transformación. La crisis ocasionada por la 'expulsión' de la industria de la capital, provocó que Villaverde apostase por la construcción de residencial como puntal de su nueva fisonomía. Tras estallar la crisis económica, se recuperaron los planes para abogar por una industria de alto valor añadido, como la que se plantea en el parque tecnológico de Villaverde. La enésima metamorfosis de un distrito sexagenario que ha perdido su conciencia de pueblo para sentirse parte importante de una gran ciudad.

Texto de publicado por Enrique Villalba en Madrid Diario.

Re: Villaverde. Un poco de historia

#3
En Colonia Marconi… ¡Queremos hacer historia!
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